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domingo, mayo 08, 2011

Hijos de puta (o escandalizarse de la nada)

Pueblo de Ameca. Cuatro muchachos muy hijos de sus familias entre dieciocho y veinte años, divertidos, cómplices, en ordinaria y muy deseable camaradería, recorriendo las calles. Bromas y risas, la dulce irresponsabilidad de la juventud y el mundo ahí afuera como para comérselo de un bocado. En la noche cerrada deciden darse una vuelta por La Loma, donde vive la puta que una vez les abriera las puertas y las piernas con no poco provecho para sus impotentes sexos que, ya por timidez ante mujeres ordinarias, ya por torcidas circunstancias, ya por simple estupidez palurda, jamás han mojado un palo si no es entre chancros y bubones.
Esta vez no vienen con ganas de aliviar los esfínteres. Conforme avanzan animándose unos a otros y elevando el tono de las bromas, se convencen de que lo que apetece hoy es cebarse en la condición de puta que, como ya se sabe, es mala y condenable, ubicada en las antípodas de la respetabilidad. ¿Cómo no van a saberlo ellos que son niños bien educados de muy religiosas familias en las que no faltan ni la primera comunión ni las misas dominicales?, ¿cómo no van a distinguir lo bueno de lo malo teniendo en casa el ejemplo de sus virtuosísimas madres y de sus muy castas hermanas? Que en su desarrollo mimado y deficiente hayan faltado mujeres de carne y hueso a las que pudieran llamar novias y frecuentarlas para ir descubriendo paulatinamente que tanto a ellas como a ellos se les calienta el fogón, es detalle nimio. Que en su vulgar misoginia de pueblo ignoren que las mujeres pueden hacer reír y dar conversación, pueden abrazar y besar sin que sean putas, es otro detallito despreciable. Lo que saben es que la puta de La Loma -que ni siquiera les cobró en aquellas ocasiones- permite que la toquen y follen innumerables hombres. Y que eso la desautoriza para invocar palabras como respeto o para darle categoría de ser humano. Faltaba más: los buenos están de un lado, los malos del otro. Que te digo que es sencillo, ¿ves?
Se presentan frente a la puerta, gritan insultos entre risas procaces, alguno golpea la entrada con aquella impunidad que da el sentirse cargado de razón y con el aplauso unánime del respetable público. Cuatro muchachos sanos, por supuesto, convertidos repentinamente en delincuentes hijos de puta incapaces de advertir que se han transformado en una turba autómata donde lo mismo da que participes activamente con gritos como que animes al camarada más tonto a que lo haga celebrándole las atrocidades con carcajadas idióticas. Cuatro perros reducidos a su condición más animal, cazando por el mero placer de buscar una presa y cebarse en su miedo, cuatro pendejos que curan su cobardía y frustración, su condición de eunucos frente a la vida, aplicando la justicia que en otros países lapida homosexuales y adúlteras, roba todos los bienes de los que no piensan como la mayoría, y limpia aldeas enteras de la escoria del momento, llámense judíos, negros, comunistas o ateos. O putas, naturalmente.
Hay que ver la buena conciencia con que ya suben de nuevo al carro luego de haber hecho justicia sin importarles que la puta tuviera a dos niños pequeños viviendo con ella. Dos niños que lo han escuchado y presenciado todo, y que -ellos sí- en su condición de hijos de puta no deben preocuparnos demasiado. Hay que ver lo bien que se sienten de haber puesto a esa perdida en su lugar, de haberse divertido a su costa, porque ¿quién más sino ella es responsable de esas erecciones indebidas y de esas sucias atracciones? ¿quién sino ella está corrompiendo el pueblo y arrastrándonos a estos puercos desahogos? Ya se sabe que entre niñatos de mierda contemporáneos la responsabilidad es siempre de los demás, ¿qué de extraño tiene que su espíritu coincida entonces con el de ayatolas, dictadores, obispos y policías? Tiene solera su casta: hijos de puta de toda la vida, la condición humana de siempre.
O escandalizarse de la nada.

12 comentarios:

  1. Anónimo4:20 p. m.

    Just one word: Chen...

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  2. Jajajajaja... ¡si tan sólo fuera broma!

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  3. Anónimo8:45 p. m.

    Lamentable!

    y en todo esto donde estabas? como testigo mudo?

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  4. Anónimo8:54 p. m.

    Por supuesto, a quién crees que insultaban...

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  5. ¡¿Pero qué es esto?! ¿Un diálogo neovygotskyano? Ciencia y Satán, ¿lo mismo dan?

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  6. Sólo dejemos que el karma gire, tarde o temprano les escupirá a la cara. ¡Aunque seguramente no recordarán por qué!

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  7. Ah, ya veo, ni Vygotsky ni Loyola, sólo maniqueísmo gitano...

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  8. Rooger gonzalez.5:40 p. m.

    tal parece que no han olvidado su amor de verano. llévelos de la mano por el buen camino.

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