sábado, julio 11, 2026

Arte de amar

En primer lugar, esfuérzate en buscar lo que quieres amar,
soldado que ahora por primera vez llegas a nuevas guerras.
El segundo objetivo es ganarte a la joven que te ha agradado;
el tercero consiste en que el amor dure mucho tiempo.
Éste es el límite, éste es el campo que será marcado por mi carro,
ésta será la meta que habrá de rozar mi rueda veloz.
Arte de amar, Ovidio 

No recuerdo el amor. Porque fue distraído o atolondrado, dado por hecho o delirante. Si era estable hasta el aburrimiento se transformaba en institución, fortaleza cuyas paredes y almenas hacían creer a los otros, aún a la distancia, que se hallaban frente a algo inamovible y fuerte. Nos convencía de su eternidad la acumulación de días y años, de trastos y fotografías, pero nuestra aquiescencia tenía significados opuestos: la mía era dejadez irreflexiva, comodidad y abuso más o menos inconsciente, la suya el sostenimiento doloroso de una idea que se queda poco a poco sin sustento. No recuerdo el amor porque no supe amar, porque no entendí qué era. Si era pasional, un enamoramiento inexplicable y súbito que organiza fantasías y disparates con el solo objeto de poseer al otro, se transformaba pronto en necedad indefendible por su obligado choque con la realidad. En cuanto cedía la agitación se hacían esfuerzos ridículos por volver permanente lo que por naturaleza es temporal, atrapar la llama caprichosa entre las manos sin quemarse, sin sofocarla, sólo para acabar tarde o temprano reestableciendo un orden que nunca debió alterarse. Diréis que quedan los actos a falta de ideas precisas, los hechos concretos sobre los sentimientos vagos, que amar es cuidar del otro cuando está enfermo y pagar las cuentas de la casa, reunir momentos agradables y hasta resolver problemas de orden práctico, todo eso está muy bien. Pero es mentira. Cuando miro dentro de mi corazón me veo cumpliendo de buena gana con todas estas obligaciones sin amar de verdad, sin saber qué es el amor, convencido incluso de que, de haberlo, tiene que tener otra forma o estar en otra parte. Me veo cumplir lo mejor que puedo con una idea que no es mía, tratando de apropiármela sin éxito, más motivado por ahorrarme dificultades y por la buena opinión de mí mismo que por la verdad de mis actos. La verdad física que a la larga es insostenible como el cuerpo y el gusto. La verdad emocional que es inconstante y huidiza. La verdad espiritual donde a grandes entendimientos pueden seguir incomprensiones abisales. No recuerdo el amor, aunque en su nombre intentara convencer a otros de atender mis solicitudes, aunque creyendo en su posibilidad me dejara arrastrar a proyectos absurdos. No estoy ahora más cerca de él por haberme entremezclado con su presunta idea, con sus supuestas manifestaciones. No. Porque el descreimiento le roba la disposición moral necesaria: no hay convicción. Porque el conocimiento lo vuelve predecible y acotado: no hay futuro. Porque el súbito arribo, aunque tarde, a una soltería donde no se echa de menos a nadie, obliga a preservar la ventaja indiscutible de no incluir a otros en los problemas propios ni a dejarse arrastrar, bajo ninguna circunstancia, a los de ellos. Es de esperar que aún queden algunos años de sexo casual donde se negocie el quiero pero no puedo —el rechazo, las pastillas— con el puedo pero no quiero —la saciedad, la abulia. No importa. El punto de convergencia es el mismo: si ya nos hemos librado del amor —esa idea perversa y equívoca que tantos dolores de cabeza nos causó; eso que no recuerdo o nunca aprendí— no pasará mucho tiempo antes de que por fin nos libremos del deseo.

No hay comentarios: